En los últimos años y quizás como una oleada reciente de la liberación sexual que venimos experimentando en las últimas décadas, nuestras sociedades asisten a la oferta cada vez menos encubierta de juguetes sexuales con la promesa de llevar nuestra vida sexual a un nivel superior ¿Son estos objetos de placer realmente capaces de aumentar el goce sexual? ¿No es paradójico que de la parcialidad que representa el uso de un juguete sexual se espere mejorar la experiencia sexual total? Estos y otros aspectos son tratados en esta entrevista con la Dra. Noemí Guzik, que de ninguna manera intenta ser conclusiva, sino una invitación a la opinión y el debate sin prejuicios a fin de que podamos elaborar nuestra propia conclusión.

Mauricio Taslik: Si bien los juguetes sexuales no son ninguna novedad hoy asistimos a su popularización e industralización ¿Qué opinás de esto Noemí?
Noemí Guzik:
Ahora seguramente somos fetichistas con más plástico y metal diseñado a la medida, aunque siempre los humanos hemos sido amantes de los objetos que nos estimulan la libido.
MT:
Sí, justamente en vistas de esta charla el término fetichismo me vino varias veces a la cabeza… ¿Cómo crees que esta oferta fetichista afecta nuestra sexualidad?
NG: El fetichismo implica un trozo de la realidad sexual o sensual que nos evoca el todo, la excitación, el deseo, los orgasmos. En la literatura siempre hemos encontrado el gusto de la gente por los detalles evocativos: el guante de la dama, por ejemplo. En “La montaña mágica” de Thomas Mann, el personaje central vive emocionado con la radiografía del pulmón enfermo de tuberculosis de su mujer amada pero platónica, una vez leí de una mujer que atesoraba con fruición la servilleta con la que Paul McCartney se limpió la boca después de comer un trozo de pastel. Lo que sucede ahora, desde hace muchas décadas, es que se ha ido haciendo uso comercial de ese fenómeno humano tan común: las adolescentes atesoran una notita del amado, la huelen y se masturban con ella… los chicos desde hace siglos atesoran el calzoncillo usado con el olor de su dama, etc. Ahora puedes ir a la tienda y conseguir trocitos de realidad que te satisfagan o bien incluso pedirlos por internet si es que eres muy penoso.
MT:
Frente a esto que decís, inmediatamente me viene a la mente que estos juguetes se nos ofrecen con el argumento de tener una sexualidad más plena ¿Te parece que es así?
NG:
El fetichismo es el cambio de la parte por el todo. El voyeurista que no puede tocar tiene orgasmos mirando, el exhibicionista que no puede estar cerca tiene placer sólo mostrándose, el que no puede tener una mujer completamente desnuda se cobija con la bota de la dama, etc. Creo que es una manera de convertir en un todo desde una vía parcial el sexo. Freud le llamó “perverso” a todo acto sexual que no se logra consumar directamente con los genitales. No es que yo esté de acuerdo con el término porque parece ser peyorativo, o en tono de crítica… qué se yo, pero por ahí va de todos modos el asunto. Sin embargo mucha gente fetichista disfruta de la parte pero luego accede al todo.
MT:
Claro, aclaremos que la perversión a la que Freud hace referencia no es aquella que entendemos en nuestro lenguaje de todos los días… Es un término preciso para denotar la alteración de meta y objeto sexual. La perversión en sentido freudiano no tiene connotaciones morales, sino ciento por ciento sexuales.
NG: Completamente de acuerdo contigo.
MT:
Volviendo a lo que decías antes, creo que hay una gran diferencia con quien se excita con un objeto que al menos hace referencia a una persona conocida, como el caso de las notitas o la ropa interior, a quién lo hace con un objeto tan impersonal resultado de un proceso industrial ¿O no?
NG:
Sí, me parece que algunas personas no se acercan a personas sino al sexo sin objeto. De ahí se deriva éste asunto del sexo y el hacer el amor y ese tipo de distinciones que tratan de relacionar lo amoroso con lo sexual, la satisfacción pura y el enredo amoroso.
MT:
No sé en México, pero aquí en Argentina la oferta a viva voz de los juguetes sexuales parece estar dirigida principalmente a las mujeres. Si bien hay muchos juguetes sexuales para hombres, en los medios abiertos de comunicación la oferta abierta es de aquellos dirigidos a las mujeres ¿Te merece alguna reflexión esto? Inclusive se publicitan reuniones de venta, muy al estilo de aquellas que las mujeres suelen hacer para comprar cosméticos o tupperware.
NG:
Me parece que aún en el siglo XXI existe una mayor posibilidad para buena parte de los hombres de cumplir con los encuentros sexuales carnales con menos complicaciones que las mujeres. Somos más discretas, en gran parte de los casos, más encerradas en casa o en el secreto con nuestra sexualidad. De todas maneras creo que lo que sucede, tal vez, es que te llame la atención ver más juguetes para mujeres que antes, pero siempre los han habido incluso a maneras caseras. Una pacienta me comentó entre divertida y sorprendida todos los juguetes sexuales que encontró en los cajones de su abuelita centenaria. Eran objetos diseñados con otro fin, pero que aparentemente la señora usaba para su satisfacción sexual. Qué bueno que ahora las mujeres tengamos la misma libertad de optar por las ayudas a las fantasías sexuales que los varones ¿no? ¡O incluso que un porcentaje mayor de mujeres queramos jugar a las situaciones calientes y juguetonas con nuestras parejas ocasionales o fijas!
MT:
Sí, pero yo no me logro hacer a la idea de una reunión con mis amigos para comprar juguetes sexuales, creo que los hombres en ese sentido somos aún más reservados que las mujeres. En cambio ustedes son capaces de socializar la adquisición de estos objetos, café, te y masitas de por medio, como si estuvieran comprando labiales o vajilla para la cocina. No deja de llamarme la atención el contraste.
NG:
¡Si! Es muy divertido charlar entre mujeres de detalles sexuales, bromear con el tamaño de los penes de plástico y metal… ya quisieran ustedes tener ejemplares de esos en su cuerpo carnoso (riéndose). Reír y probarnos cosas, hacer excursiones a las tiendas o ver pelis porno juntas. En general somos más parlanchinas, verbales de manera natural, y siempre hemos hablado de sexo y de amor largamente entre nosotras. Ahora podemos ir juntas a elegir nuestros juguetes y contarnos nuestras experiencias de maneras divertidas y compartidas.
MT:
Claro, también pensaba que el repertorio masculino de estos objetos tiene su sección que podríamos denominar “auxilios para el impotente” y agita un fantasma lo suficientemente potente para mantener la reserva y discreción.
NG:
Exactamente, nosotras tenemos la enorme fortuna de poder tener relaciones sexuales sin que se nos caiga el aparato hasta el piso. No tenemos que vivir con miedo de tener el orgasmo de manera prematura, preocuparnos del tamaño y grosor de nuestro órgano ni de su fuerza y consistencia (risas).
MT:
Es un tema interesante… ¿Crees que estos juguetes realmente son capaces de resolver la tensión que puede implicar una disfunción sexual como la eréctil en los hombres?
NG:
No, no lo creo. Para eso es mejor tomar un Viagra, por ejemplo.
MT:
¿Y en cuanto a las disfunciones sexuales femeninas? ¿Crees que pueden tener algún rol?
NG:
No puedo afirmarlo, sin embargo, yo creo que las disfunciones sexuales ni se disfrazan del todo, ni se alivian o empeoran con los juguetes sexuales. A menos que la persona sea fetichista verdaderamente y se excite con los detalles más que con el todo.
MT:
En términos generales… ¿Ves la incorporación de estos objetos en la vida sexual de las personas como un elemento positivo, negativo o algo que no influye fundamentalmente en ello?
NG:
Positivo, porque genera diversión, placer, comunicación, voluntad de aprender. Somos seres ciborgs que nos ayudamos de la tecnología en todos los sentidos posibles para vivir la vida: antidepresivos para la tristeza o la abulia, ansiolíticos para la ansiedad, barbitúricos o inductores del sueño para dormir, penes y vaginas de plástico para fornicar (risas).
MT:
Bien ¿Y hay algo que te gustaría agregar a todo lo que hablamos y que no hayamos mencionado sobre este tema?
NG:
(Piensa) Que le deseo a todos nuestros lectores y lectoras una fornicación feliz, de todas las maneras que les agraden y las hagan felices. Siempre con cuidado a la salud mental y física por supuesto.

Noemí Guzik se ha doctorado en Psicología en la Universidad Iberoamericana, México, y su experiencia abarca veinticinco años de docencia y práctica clínica de psicoterapia en la ciudad de México D.F.

Mauricio Taslik, director de SelfCenter, es consultor psicológico (counselor) en Buenos Aires, Argentina.

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