El Parador Retiro es uno de los tres lugares existentes en la ciudad de Buenos Aires dependientes del gobierno de la ciudad y destinado a albergar a personas en situación de calle, es decir sin techo. La filmación del documental de Jorge Leandro Colás comenzó durante la gestión de Anibal Ibarra, continuó durante la de Jorge Telerman y no pudo continuarse durante la de Mauricio Macri. Esto incluyó la negativa a estrenar el filme en las instalaciones del parador.

La ópera prima de Colás, tendrá su estreno porteño el 11 de junio tras haber ganado los premios “Mejor película argentina” en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata en noviembre del año pasado, “Mejor documental” en el Festival Internacional de Cine de Gualeguaychú en febrero y “Premio Especial del Jurado” del MARFICI en mayo de este año.

Cuando las luces se apagaron y comenzó la proyección, poco a poco experimenté una progresiva inmersión en un mundo diferente al que vivo todos los días. Quizás contribuyó a esta experiencia la ausencia de narraciones y de música que de alguna manera pudieran moderar las emociones. Al terminar la película y encenderse las luces de la sala, mi sensación fue la de retornar de un viaje dantesco, como quien despierta de un mal sueño.

El relato cinematográfico se centra en algunos personajes “pintorescos” que frecuentan el lugar. Aunque no se explica explícitamente, el parador no es un lugar de residencia permanente, sino básicamente un sitio para pasar la noche y si se llega cuando está lleno y no se tiene otra alternativa habrá que resignarse a dormir en la calle.

El espectro de edades de las personas que concurren al parador Retiro es muy amplio, se ven desde jóvenes vitales hasta ancianos en estado de salud muy precario y con movilidad reducida. Como no es mi intención en esta nota realizar una crítica cinematográfica, ni siquiera un análisis social, más bien me planteo, desde mi rol como counselor, leer la dura realidad que descubre este largometraje.

Desde este punto de vista, creo que hay una escena del filme que bien podría resumir simbólicamente a toda la película: Una persona no muy mayor está sentada al borde de una cama con evidente dificultad para levantarse. Entra en escena un guardia de seguridad que le tiende una mano y la persona se pone de pie. El guardia se va y la persona empieza a caminar sin demasiado equilibrio para desmoronarse a los pocos pasos. Se ven algunas personas que simplemente observan de lejos y pasivamente la situación, sin acercarse demasiado. Esta vez llegan dos guardias de seguridad y vuelven a levantar al caído. En cierta forma esta escena me recordó a la de innumerables documentales sobre fauna en los que un animal vulnerable es rodeado por la manada para protegerlo de los depredadores hasta que es abandonado y librado al destino inexorable de la muerte, generalmente ante la mirada distante de sus congéneres.

¿En qué sentido esta escena representaría a toda la película? El parador recibe diariamente a los caídos de nuestro sistema social y económico. Brindarle a estas personas la posibilidad de pasar la noche resguardados de la intemperie, alimento, higiene, aseo y recibir atención médica, es como darles una mano para que se pongan otra vez de pie. Hay otra escena en donde claramente se ve que desde la institución el objetivo es que las personas puedan acceder a un trabajo y en consecuencia a un lugar de vivienda propio. Sin dudas un objetivo bien intencionado para aquellas personas con capacidad de estar en actividad. Sin embargo los cachetazos de la realidad no se hacen esperar: tener más de 50 años, estar enfermo en un ambiente poco propicio para la recuperación o no tener un par de anteojos para leer los avisos del diario se convierten en obstáculos casi insalvables para acceder al universo de las personas que pueden valerse por si mismas.

A partir de ésto, muchas preguntas se me presentan ¿Cuántas caídas puede soportar un ser humano hasta llegar al punto de no poder levantarse más? ¿Es efectiva la ayuda que damos si la persona en un principio parece ponerse de pie pero a los pocos pasos vuelve a caer? ¿Es ésto justo? ¿Es poco o es mucho? Por supuesto, buena parte de las respuestas a estas preguntas estará sesgada por nuestra ideología, es inevitable. Aunque quizás lo más importante sea respondernos cómo podemos aspirar a una sociedad con dispositivos de prevención efectivos para evitar, en lo posible, caidas tan hondas y riesgosas de manera que lugares como el parador Retiro se conviertan en un mal recuerdo.

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